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Lirol DJ y el reto real del Afro House en SV

todayjunio 6, 2026

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Two men in a podcast studio speaking into microphones, with a bold banner reading'EPISODIO 02 LIROLDJ EL RETO REAL DEL AFRO HOUSE EN SV' behind them.

Lirol DJ y el reto real del Afro House

Lirol DJ no presenta su historia como una ruta perfecta ni como una carrera construida a base de frases motivacionales. Su recorrido dentro de la música electrónica salvadoreña aparece más bien como una mezcla de obsesión musical, aprendizaje constante, errores frente al público, disciplina personal y una idea que repite con claridad: si alguien quiere dedicarse a esto, debe hacerlo por amor.

En el segundo capítulo de Goma de Mascar, Lirol repasó varios momentos que ayudan a entender no solo su evolución como artista, sino también una parte del estado actual de la escena electrónica en El Salvador. La conversación pasó por sus primeras influencias, su admiración por Martin Garrix, el auge del Afro House en El Salvador, la presión de tocar frente a público, las críticas en redes y la dificultad de mantenerse firme en un ambiente donde la exposición puede abrir puertas, pero también desgastar.

La entrevista funciona como una radiografía íntima de un DJ que ha vivido el crecimiento de un nicho musical desde adentro. No habla desde la distancia ni desde una postura de superioridad. Habla desde la experiencia de quien ha tocado nervioso, ha visto gente irse de la pista, ha esperado durante horas por una foto con su ídolo y ha aprendido que la humildad puede ser tan importante como la técnica.

Uno de los momentos más fuertes de la conversación llegó cuando Lirol recordó cómo conoció en persona a Martin Garrix, uno de los artistas que más influyó en su acercamiento a la música electrónica. Según relató, pasó años viendo sus sets detrás de una pantalla, sin imaginar con certeza que algún día podría tenerlo frente a frente en El Salvador.

Su conexión con la música electrónica empezó desde muy joven. Contó que alrededor de los 11 o 12 años comenzó a interesarse por sonidos que en ese momento le parecían diferentes a lo que se escuchaba de forma habitual. Mencionó referencias como Ministry of Sound, Tiësto, Skrillex y, más tarde, Martin Garrix. La canción que terminó de marcarlo fue “Animals”, un tema que para él abrió una puerta definitiva hacia ese universo sonoro.

Cuando se anunció que Martin Garrix llegaría al país, Lirol entendió que no podía vivirlo como un concierto más. “Este es mi momento”, recordó haber pensado después de tantos años siguiendo sus presentaciones. Aunque inicialmente consideró comprar una entrada más económica, sus amigos lo animaron a elegir una mejor localidad porque, según le dijeron, había esperado demasiado como para quedarse lejos.

Pero la entrada al show no era suficiente. Lirol quería una foto. Quería conocer al artista que había seguido durante casi una década. Por eso decidió ir al hotel donde pensaba que Garrix se hospedaría. Llegó temprano, esperó junto a otros fans y, aunque una persona vinculada a la organización les dijo que el DJ no se bajaría porque venía cansado, él decidió quedarse.

“Yo sé que él se va a bajar”, recordó. Esa seguridad venía de observar durante años el trato de Garrix hacia sus seguidores. Minutos después, las camionetas llegaron, el equipo de seguridad se bajó y el momento ocurrió. Para Lirol, verlo en persona fue “irreal”.

Ese episodio no solo muestra la admiración de un fan por un artista internacional. También explica parte de la identidad de Lirol como DJ: la importancia de mantener la cercanía, no olvidar de dónde se viene y entender que la humildad no es un detalle menor dentro de la carrera artística.

La historia de Lirol también ayuda a entender cómo ciertos géneros electrónicos fueron entrando poco a poco en el gusto de una nueva generación de DJs salvadoreños. En su caso, el Afro House apareció después de escuchar a un amigo tocar música que no lograba identificar, pero que le llamó la atención por sus percusiones, su energía y ese “sazón” que conectaba con ritmos más orgánicos.

Lirol explicó que en ese momento no tenía tan claro el mapa completo de la música underground. Conocía géneros como el Tech House o el EDM, pero no necesariamente todas las ramas que existían dentro de la electrónica. Al descubrir el Afro House, empezó a buscar referencias, sets y canciones hasta encontrar un sonido con el que se sintió identificado.

Su lectura sobre el género es interesante porque no lo presenta como una moda reciente, sino como un estilo que ya tenía años de historia, aunque en El Salvador no fuera ampliamente consumido. Según su visión, antes era más difícil tocarlo en el país porque el público no siempre estaba familiarizado con ese tipo de propuesta. Era un sonido más de nicho, más profundo y con una identidad que podía sentirse extraña para quienes estaban acostumbrados a formatos más comerciales.

Con el tiempo, el Afro House comenzó a cambiar. Lirol señaló que el género fue incorporando vocales latinas, elementos más cercanos al Techno y una estructura más accesible para públicos amplios. Esa evolución lo llevó de un espacio underground a una presencia mucho más visible en fiestas, clubes y sets de DJs locales e internacionales.

En su caso, esa conexión fue tan fuerte que algunos amigos comenzaron a relacionarlo directamente con el género. Incluso, en tono de broma, llegó a recibir el apodo de “el dios del afro”. Aunque la frase tiene un aire ligero, refleja algo importante: en una escena pequeña, los artistas suelen construir identidad a partir de los sonidos que defienden con mayor constancia.

La experiencia de Lirol deja ver un punto clave para entender a los DJs salvadoreños que trabajan dentro de escenas alternativas: el talento no avanza solo por técnica, sino también por resistencia. En un país donde la oferta nocturna está más dominada por géneros populares como el reggaetón, abrir espacio para propuestas electrónicas underground requiere paciencia, comunidad y una visión clara.

Lirol reconoce que sí se puede crecer, pero no lo idealiza. Desde su perspectiva, dedicarse al cien por ciento a ser DJ underground en El Salvador es complejo porque el público todavía es limitado y las oportunidades no siempre son constantes. Aun así, también acepta que la escena ha evolucionado. Menciona que antes era más difícil identificar a nuevos nombres en el mapa electrónico nacional, mientras que hoy existe una generación con mayor presencia y más espacios para mostrarse.

La implicación para artistas emergentes es directa. No basta con querer tocar en eventos o aparecer en redes. Hace falta aprender a leer al público, preparar música, aceptar críticas, sostener una identidad y entender que el crecimiento puede venir por etapas. Hay momentos de muchas fechas y otros de pausa. Hay fines de semana llenos y temporadas más lentas. Para Lirol, eso también forma parte del proceso.

Uno de los puntos más valiosos de la entrevista fue la forma en que Lirol habló de los errores. En la cultura digital, donde muchos artistas muestran solo los mejores momentos, él relató experiencias incómodas que marcaron su aprendizaje.

Recordó una presentación en la que llegó nervioso, no conocía bien el equipo y las mezclas empezaron a salir mal. Había entre 15 y 20 personas prendidas, pero poco a poco comenzaron a irse. Al final quedaron apenas unas cuantas. Ese momento lo golpeó emocionalmente porque sintió que no estaba dando la talla.

Sin embargo, no lo convirtió en una derrota definitiva. Con el tiempo entendió que los fallos forman parte del oficio. Incluso mencionó que DJs de alto nivel también pueden cometer errores técnicos en presentaciones importantes. Para él, esa comprensión ayuda a bajar la presión y a recordar que ningún artista es perfecto.

La salud mental apareció en la conversación desde un ángulo práctico. Lirol no afirmó que la exposición artística le haya afectado gravemente, pero sí reconoció el desgaste de combinar trabajo, universidad y fechas. Hubo semanas en las que dormir poco era parte del sacrificio. Cuando tenía tareas, intentaba adelantarlas para llegar más libre al fin de semana y poder enfocarse en los eventos.

También habló de la importancia de separar la vida personal de la artística. Durante un tiempo mantuvo su faceta como DJ más privada frente a su familia, en parte porque sabía que el ambiente nocturno podía ser visto como un mundo de excesos. Aunque reconoció que en esos espacios hay alcohol y otras dinámicas propias de la noche, aclaró que cuando tiene fechas trata de no mezclar el consumo con su desempeño profesional porque necesita estar al cien por ciento.

Ese matiz es importante. No se trata de vender una imagen perfecta, sino de reconocer que la profesionalización también pasa por decisiones personales. Para un DJ, la reputación no se construye solo en redes o en cabina. También se construye en cómo llega a tocar, cómo trata a la gente, cómo responde ante los errores y qué límites decide poner.

La conversación con Lirol deja una lectura más amplia: la escena electrónica salvadoreña no depende únicamente de eventos grandes o nombres internacionales. También se sostiene por artistas locales que empujan desde espacios pequeños, fiestas independientes, colaboraciones, amistades, errores compartidos y comunidades que aprenden a escuchar nuevos sonidos.

En ese contexto, el Afro House en El Salvador representa algo más que una tendencia musical. Su crecimiento muestra cómo el público local puede adaptarse a propuestas distintas cuando hay DJs dispuestos a insistir, educar el oído de la audiencia y conectar el sonido global con sensibilidades más cercanas a la región. Las vocales latinas, las percusiones y los matices melódicos han ayudado a que el género encuentre una puerta de entrada más natural.

Pero el reto sigue siendo grande. Lirol lo explica sin adornos: la música electrónica underground todavía compite contra una industria nocturna donde otros géneros tienen más espacios, más demanda y mayor consumo masivo. Eso obliga a los DJs a desarrollar algo más que selección musical. Necesitan criterio, paciencia, humildad y capacidad de adaptación.

También aparece un tema cultural: el apoyo dentro de la escena. Lirol mencionó que no siempre es fácil crecer en un entorno donde, a veces, los propios compatriotas pueden convertirse en críticos duros de otros salvadoreños. Sin embargo, la entrevista no se queda en la queja. Más bien apunta a una idea de largo plazo: si el movimiento quiere crecer, necesita más colaboración, más retroalimentación honesta y menos ego.

La humildad vuelve a aparecer como eje. Lirol recordó un consejo que recibió de un amigo: mantener siempre los pies en la tierra, sin importar dónde toque, con quién comparta cabina o qué oportunidades lleguen. Esa frase resume buena parte del tono de la entrevista. En una escena pequeña, la actitud puede cerrar o abrir puertas con la misma fuerza que un buen set.

El episodio de Goma de Mascar muestra a Lirol como un artista en movimiento, no como una figura que pretende tenerlo todo resuelto. Su historia incluye la emoción de conocer a Martin Garrix, la búsqueda de identidad a través del Afro House, los nervios antes de tocar, la lluvia que interrumpió una presentación, las críticas de redes, el cansancio de combinar estudios y eventos, y la convicción de que el camino artístico no debe construirse por moda.

Su consejo final resume el corazón de la conversación: “si lo van a hacer, háganlo por amor”. Para quienes quieren entrar al mundo de los DJs, esa frase no funciona como una decoración emocional, sino como una advertencia. La escena puede ser emocionante, pero también exige disciplina, tolerancia a la frustración y una relación honesta con la música.

Lirol representa a una generación de artistas salvadoreños que crecieron mirando sets internacionales en internet, pero que hoy buscan construir algo propio desde su realidad local. Su historia no habla solo de un DJ. Habla de una escena que todavía pelea por espacios, de un público que aprende a escuchar nuevos sonidos y de una cultura electrónica que avanza entre tropiezos, comunidad y pasión.

En un momento en que el Afro House gana visibilidad y la música electrónica salvadoreña busca más reconocimiento, historias como la de Lirol ayudan a entender lo que ocurre detrás de la cabina. Ahí no solo hay luces, música y baile. También hay espera, nervios, errores, decisiones personales y una idea que parece simple, pero sostiene todo el proceso: seguir porque realmente importa.

Escrito por Pulsar Admin

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