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En festivales masivos, donde decenas de escenarios compiten por la atención del público, no es común que un espacio relativamente nuevo se convierta en referencia en tan poco tiempo. Sin embargo, eso es precisamente lo que ha ocurrido con Quasar Stage dentro de Coachella, que de cara a 2026 vuelve a perfilarse como uno de los puntos más sólidos para quienes siguen de cerca la música electrónica.
Para audiencias que viven la cultura de festivales desde países como El Salvador, donde la conexión con la escena global pasa tanto por redes como por eventos locales en crecimiento, observar cómo un festival de esta escala redefine su propuesta electrónica ayuda a entender hacia dónde se mueve la experiencia de club dentro de entornos masivos.
Quasar no nació como un stage más dentro del mapa del festival. Su concepto se aleja de la rotación rápida de artistas y propone lo contrario: un solo DJ por día, con un set extendido que permite desarrollar una narrativa musical más amplia.
Este enfoque cambia la lógica de consumo habitual en festivales, donde el público suele moverse de un escenario a otro en busca de momentos puntuales. En Quasar, la invitación es a quedarse, sumergirse y dejar que el viaje sonoro evolucione con el paso de las horas.
En 2026, el formato se mantiene claro: sets largos, enfoque total en música electrónica y una curaduría centrada en nombres con peso dentro de distintas vertientes del género.
Durante el primer fin de semana del festival (10 al 12 de abril), Quasar Stage contará con tres artistas principales, cada uno a cargo de una jornada completa en formato extendido.
Entre ellos se encuentra Pawsa, representante de una línea de house y tech house con fuerte presencia en circuitos de club. Su inclusión refuerza la idea de que el escenario no solo se centra en superestrellas mediáticas, sino también en perfiles que construyen reputación a partir de sets largos y coherentes.
A su lado, David Guetta aporta una figura ampliamente reconocida en la historia reciente del EDM. En un contexto como Quasar, su presencia se lee desde otra perspectiva: más que un show comprimido en hits, el formato largo abre espacio para explorar distintas capas de su repertorio.
El trío del primer fin de semana se completa con Fatboy Slim, un nombre asociado a la cultura rave y a la evolución de la electrónica de baile desde los años noventa. Su experiencia en maratones de DJ set encaja con la identidad de un escenario pensado para la inmersión.
El segundo fin de semana (17 al 19 de abril) mantiene la misma estructura, pero con una selección que cubre distintos espectros de la música electrónica.
Armin van Buuren encabeza esta parte del cartel, representando una línea de trance y progressive con trayectoria global. Su presencia en sets extendidos suele asociarse a viajes sonoros largos, algo que coincide con la filosofía de Quasar.
Adam Beyer, referente del techno, introduce una dimensión más enfocada en ritmos hipnóticos y estructuras repetitivas pensadas para la pista. En un formato sin prisas, este tipo de propuesta suele ganar profundidad.
También figura Pardon My French, el concepto asociado a DJ Snake, que integra elementos de electrónica y sonidos urbanos bajo una identidad curatorial. A esto se suma Blood Oath, proyecto vinculado a Sara Landry, que refuerza la presencia de propuestas más intensas dentro del espectro electrónico.
Para los asistentes, el modelo de un solo artista por día permite vivir una experiencia más cercana a la de un club de gran escala. No se trata solo de acumular nombres en una lista, sino de seguir el desarrollo de un set que evoluciona en tiempo real.
Este tipo de planteamiento también influye en cómo se percibe la música electrónica dentro de festivales de carácter más amplio. La electrónica deja de ser un complemento entre propuestas de otros géneros y se presenta como eje central de un espacio con identidad propia.
La consolidación de Quasar Stage refleja un ajuste en la manera en que Coachella integra la música electrónica en su narrativa general. Más allá de incluir DJs en escenarios principales, el festival ha creado un entorno donde el formato de club —con sesiones largas y foco en el DJ— tiene un lugar destacado.
Esta decisión dialoga con una tendencia global donde los festivales buscan replicar, dentro de grandes producciones, la sensación de inmersión que tradicionalmente se asocia a clubes y raves. Para escenas emergentes, como la salvadoreña, observar estos modelos puede servir de referencia sobre cómo se construyen experiencias centradas en la música más que en la rotación constante de artistas.
El anuncio del lineup de Quasar Stage para 2026 confirma que este espacio se ha convertido en uno de los puntos clave para entender la presencia de la música electrónica dentro de Coachella. Con sets extendidos y una selección de artistas que abarca distintas corrientes del género, el escenario refuerza una idea clara: la experiencia electrónica también puede ser profunda y sostenida en el tiempo, incluso dentro de un festival masivo.
Written by: Pulsar Mix
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